Medir antes de la mudanza: las cotas que deciden si el mueble entra en un piso de Salou

Medir antes de la mudanza: las cotas que deciden si el mueble entra en un piso de Salou

Casi todos los sustos del día de la carga se evitan con un metro y diez minutos. El armario que no gira en el rellano, el sofá que se queda a la puerta de la cabina o la nevera parada en el descansillo son problemas de medida, no de fuerza.

En Salou eso pesa más que en otros sitios. Buena parte de las fincas del centro y de la fachada marítima son bloques de media altura levantados hace cincuenta o sesenta años, con el portal justo y una cabina calculada para dos personas y la compra. Cada centímetro cuenta cuando hay que sacar por ahí una casa entera.

Estas son las cotas que conviene tomar antes, en origen y en destino, para cerrar unas mudances i muntatge de mobles con el trabajo previsto de antemano.

Las cinco medidas que hay que tomar antes de mover un mueble grande

Son cinco y se toman en diez minutos. La primera, el ancho y el alto de la puerta de la vivienda, con la hoja abierta del todo. La segunda, el hueco libre de la cabina del ascensor, medido con la puerta abierta y no leído en el plano del fabricante. La tercera, el ancho del rellano y el del giro de la escalera. La cuarta, el ancho del portal, que en las fincas antiguas suele ser el paso más estrecho de todo el recorrido. Y la quinta, las tres cotas del propio mueble: alto, ancho y fondo.

Queda una sexta que no se mide, se calcula: la diagonal del mueble. Es la que decide de verdad si una pieza pasa girada, porque casi nada entra de frente. Un armario alto y de fondo corto da un número bastante mayor que su ancho, y ese es el que hay que comparar con el hueco. Apunte todo en centímetros, sin redondear hacia abajo, y añada una foto de cada paso: portal, ascensor y rellano. Con eso, quien valora el trabajo ve la finca antes de subir a verla.

Medir el ascensor antes de la mudanza en un bloque de Salou de los años sesenta

El centro y la primera línea de Salou se levantaron sobre todo en los años sesenta y setenta, con edificios de media altura y ascensores instalados para subir vecinos. Mueven bien a cuatro personas y una bolsa; un mueble grande es otra historia. Por eso la cabina se mide entera: fondo, ancho y alto libre, con la puerta abierta y descontando el pasamanos o el espejo si sobresalen. El alto pesa más de lo que parece, porque muchas piezas solo entran de pie.

Anote también qué puerta tiene, de hoja o de tijera, y el ancho real del hueco de paso, que casi siempre queda por debajo del de la cabina. Una tijera se recoge del todo y deja pasar cosas largas; una hoja recorta el paso por un lado. El ejemplo que se repite aquí: una cabina que se traga una lavadora sin esfuerzo deja fuera un armario de tres cuerpos o un sofá de tres plazas. Saberlo la víspera cambia el plan de la mañana; descubrirlo con el mueble a cuestas también lo cambia, pero peor.

El giro del rellano: la cota que impide bajar un sofá por la escalera

La escalera falla más veces que la puerta, y no por lo que se supone. El tramo suele tener anchura de sobra: lo que atasca es el giro del descansillo y la altura libre que queda bajo el tramo de arriba. Ahí el mueble tiene que rotar en poco espacio y con techo bajo, y un sofá de asiento profundo se queda clavado a mitad de vuelta. Mida el descansillo de pared a pared y, después, la distancia desde el suelo hasta el peldaño que le pasa por encima.

La comprobación es sencilla: se toma la diagonal del mueble y se compara con ese giro. Si sobra, baja por la escalera. Si se queda corta, hay tres caminos antes de rendirse. Quitar patas y respaldo, que en muchos sofás van con tornillo y devuelven diez o quince centímetros. Sacar de sus bisagras la puerta de la vivienda, que gana el grueso de la hoja y del tope. O resolver esa pieza por fachada. Los tres se deciden antes, con el metro en la mano y el mueble todavía en su sitio.

Cuando la medida no da: elevador de fachada, montamuebles o desmontaje

El desmontaje es la vía más sencilla y la primera que se mira. Armarios, camas, estanterías y mesas bajan en piezas, con los herrajes en bolsa y marcados mueble a mueble, de modo que en destino cada uno se levanta como estaba. Hay muebles que no admiten ese trato, sobre todo los de cuerpo único y los de tablero pesado, y ahí conviene no insistir: se desarma lo que está pensado para desarmarse y lo demás sale por otro camino.

Ese otro camino va por fuera. El elevador de fachada y el montamuebles se plantan en la calle y suben o bajan por el balcón lo que no cabe por dentro. Piden sitio en la acera y, según la calle, una reserva de espacio tramitada ante el ayuntamiento y señalizada la víspera. En el paseo y en el entorno del Mercat Municipal es un trámite habitual, porque la parada está limitada por horario. Todo esto se ve en la visita previa y figura en el presupuesto desde el primer momento, con su alcance escrito.

Medir también en destino antes del montaje: puertas, pasillo y hueco del armario

La mitad de los problemas no aparecen en origen, sino al llegar. Un pasillo con giro cerrado, una puerta de dormitorio más estrecha que la de entrada, o un hueco de pared donde el armario se queda a dos centímetros de encajar. En las casas de Cap Salou se añade una cota que nadie apunta: los metros que hay del bordillo a la puerta, con el jardín y la cuesta por medio. Esa distancia decide cuántas manos hacen falta y a qué hora empieza la descarga.

Lleve el plano del destino a la valoración o, si no hay plano, las medidas tomadas a mano. Con ellas se decide de antemano qué entra, qué se coloca en otra estancia y qué se queda atrás o pasa al guardamuebles hasta que haya sitio, con su inventario de entrada. Es una conversación de cinco minutos que ahorra una tarde. Cuando el destino está medido, el montaje se hace del tirón y la casa queda entregada esa misma jornada, con los muebles en su sitio y el cartón retirado.

Qué medidas se piden por teléfono para presupuestar una mudanza en el Tarragonès

Para orientar por teléfono hacen falta cinco datos. La planta de la que sale el mobiliario. Si hay ascensor y de qué medida. El ancho del portal. Dónde puede quedarse el vehículo, que aquí no siempre es delante de la puerta. Y qué muebles grandes hay: armarios de cuerpos, sofás, camas de matrimonio, electrodomésticos y las piezas que viajan aparte, como un piano o una caja fuerte. Con eso se sitúa el trabajo en la misma llamada y se sabe ya si conviene contar con elevador.

Cuando el volumen es grande, o cuando el destino cae en Vila-seca, Cambrils, Reus o fuera de la comarca, se cierra la valoración con una visita o con una videollamada, que enseña el portal y la escalera mejor que cualquier descripción. De ahí sale el importe, que se firma antes de mover nada. Como referencia del sector, un traslado dentro del Tarragonès va de 300 a 1.000 €, y uno a otra provincia, de 500 a 1.200 €. El teléfono, el 629 501 941, está atendido los siete días, de ocho de la mañana a ocho de la tarde.

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